Cuando decidimos ser padres por primera vez... antes de la llegada de Pantufla, entendí que era un compromiso para toda la vida... suya o mía... Llegó Pantufla de 3 semanas, en una cajita de cartón y tapada con una toalla... era una ratita... no se movía y sólo suspiraba... era tan pequeñita! esa noche no dormí... no quería dormir solita... claro, siendo arrebatada tan pequeñita de su sitio de confort pegada a su mamá... desde ese día supe que sería una hijita de su chingadita...
Cuando llegó lluna, 3 meses después, fue igual... presentarla con su hermana mayor... abrazarla mucho. Era más serena que Pantufla... tranquila y observadora... nunca lloró...
Les cuidé su enfermedad, las llevé a sus citas veterinarias mes con mes... vacunas... les compré juguetitos... siempre hubo remordimiendo de conciencia al dejarlas para ir a trabajar o salir por las noches.
Y entonces, 6 años después llega otro pedacito de vida... pero ahora no es un perro... es una parte de mí, compartimos el cuerpo... tuve 2 corazones durante 9 meses...
Habrá gente que me crucifique por comparar tener un perro con tener un bebé... seguro será la gente que tiene a sus perros arrumbados en la azotea o patios... que no los abrazan ni les dicen que los aman... seguro serán esos que nadie les dice que los quiere ni los abraza ni los procura...
Hoy, tenemos 5 hijos... uno de ellos humanito... que nos llena de sonrisas las mañanas, que nos ve fijamente con sus grandes y redondos ojos azules como el cielo... Él y yo seguimos juntos, unidos y trabajando para crear y criar perros y niño buenos.
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